(Por Mica Minelli*, Especial para Quinto Poder Conurbano) Adentro, un señor de 88 años al que el pueblo alguna vez le
dedicó el “que se vayan todos” sentado en una banca que no suele ocupar, pero
sí cobrar.
Afuera, bajo la lluvia, con los pies congelados del frío y
resistiendo el viento, pibas de 15 y 16 años. Esperan ansiosas que ese hombre,
al que muchos no se animan a nombrar por yeta, presione el botón que las hará
dueñas o no de sus vidas y destino. ¿Se te ocurre algo más injusto?
La edad promedio de los senadores y senadoras que votaron en
contra del derecho de esas pibas es de 58 años. ¿Cuánto puede saber esa gente
de las necesidades de lxs pibes y pibas? La grieta generacional no tiene que
ver con una cuestión de edad únicamente, si no también con la capacidad de lxs
adultxs de ocupar su rol, escuchar y contener a lxs más chicxs. No fue el caso
de nuestros legisladores y legisladoras.
Adentro, el pasado. Afuera, el presente que no quieren ver y
el futuro que pronto los va a aplastar.
Adentro, el conservadurismo, las tradiciones, la moral y las
“buenas costumbres”, los mandatos, estereotipos, la opresión, sumisión, el
deber ser, el status quo.
Afuera, los sueños, la diversidad, el aguante, la libertad,
el placer, el deseo, la juventud, la revolución de las pibas, la ola verde y
feminista.


